La Antigüedad Tardía – Los Estados Medievales

La Antigüedad Tardía – Los Estados Medievales

junio 28, 2018 0 Por admin

En la imagen: Caída del Imperio romano de Occidente y el comienzo del Imperio Bizantino y sus reinos romano-germánicos.

Los Reinos romano-germánicos:

En el año 476, luego de la caída de la caída del último emperador romano de Occidente, las tierras dominadas por Roma se fragmentaron en distintos reinos llamados reinos romano-germánicos. Estos, guerreaban entre si para expandirse o subsistir.

Los germanos eran un pueblo de origen indoeuropeo que habitaban en aldeas y se dedicaban al pastoreo y a la agricultura. Los dirigía un jefe elegido por una asamblea de guerreros que intervenía en las cuestiones políticas. Carecían de leyes escritas. En cuanto a sus creencias, eran politeístas.

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Mapa: Los Reinos romano-germánicos.

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REINO FRANCO: Los francos se instalaron al norte de Galias. Uno de sus jefes, Meroveo, inició en 448 la dinastía Merovingia, que duró tres siglos. Luego de una serie de luchas, consiguió crear un reino unido, donde se integraron francos y romanos con relativa rapidez.

REINO OSTROGODO: En el 493, Teodorico, jefe de los ostrogodos, venció a las fuerzas de Odoacro, rey de los hérulos (un pueblo de Europa oriental), que había destituido al último emperador romano. Instaló en Italia un reino ostrogodo independiente, con capital en Rávena, que duró 60 años. En el orden económico, los ostrogodos mantuvieron la administración de impuestos y el sistema burocrático de los romanos. En el aspecto religioso, adhirieron el arrianismo, que negaba la divinidad de Jesús y no reconocía a la Santísima Trinidad. Teodorico basó su gobierno en la idea de una convivencia pacífica entre godos y romanos, por lo que respetó la tradición y la cultura del pueblo dominado

REINO VISIGODO: Los visigodos dominaron España y el sur de la Galia. Su rey Eurico (420-484), instaló la capital en Tolosa. Luego los francos los expulsaron de allí y el centro del reino visigodo se desplazó a España. Toledo fue su nueva capital. En el orden económico, los visigodos continuaron en líneas generales con el tipo de administración romana. En los primeros tiempos no se integraron a la población romanizada de la península. La religión funcionaba como elemento separador.

 

El Imperio Bizancio:

El Imperio de Oriente sobrevivió hasta 1453. Los historiadores lo han denominado Imperio Bizantino o Bizancio porque Constantinopla, su capital, estaba emplazada sobre la antigua colonia griega de Bizancio. La religión principal practicada era el cristianismo.

El Imperio Bizantino logró defenderse de los ataques de los pueblos invasores ya que, al contar con una excelente situación económica, pudo mantener un ejército bien dotado y una administración eficaz. Incluso controló durante su poderío territorios europeos, asiáticos y africanos.

 

El Emperador Justiniano I:

Mosaico de Justiniano

Mosaico de Justiniano

En el siglo VI llegó al trono un emperador que soñó con unificar nuevamente el antiguo Imperio Romano y dedicó sus esfuerzos para lograrlo. Justiniano I (527-565), que pertenecía a una dinastía de origen macedonio, consideraba a Bizancio como la única sucesora legítima de la grandeza de Roma. Intentó recuperar la unidad romana y para ello atendió dos aspectos fundamentales: el fortalecimiento del poder real y la reconquista de los territorios occidentales.

– El fortalecimiento del poder real: en Bizancio, el poder del emperador era absoluto (no tenía ningún límite). Incluso la iglesia estaba bajo su autoridad: existía el cesaropapismo.

– Reconquista de territorios en Occidente: en el año 533, el emperador comenzó su anhelada reconquista de Occidente. Logró el control de África, al derrotar a los vándalos, y el de Italia, luego de 18 años de lucha contra los ostrogodos. 

No obstante, los territorios recuperados se perdieron para el imperio luego de la muerte de Justiniano: a fines del siglo VI, los lombardos invadieron Italia; en el siglo VII, un nuevo poder, el de los árabes y el islam, le arrebató extensos territorios (Egipto, Siria, Palestina y África); a partir del siglo IX, se instalaron en los Balcanes.

Justiniano ordenó recopilar el Derecho romano desde la época de Adriano hasta la suya propia, en el llamado Cuerpo de Derecho civil, que se convirtió en la base de la jurisprudencia bizantina, y sirvió como modelo para legislaciones posteriores. Además, esto contribuyó a hacer más sólido su poder.

 

Constantinopla:

La capital del Imperio, Constantinopla, era una gran ciudad protegida por murallas que, por su privilegiada situación geográfica y estratégica, funcionaba como un importante centro comercial y sede de intercambio entre Oriente y Occidente. Al actuar como intermediaria, los mercaderes podían comprar productos de Oriente (artículos de lujo como especias, piedras preciosas, oro, etc) y venderlos en Occidente a cambio de bezantes -la moneda de oro que fue muy utilizada en esa época-.

Constantinopla fue la gran ciudad de la Edad Media. Como heredera del esplendor se transformó en el centro de una civilización que duró hasta el siglo XV y actuó como depositaria y salvadora de la tradición de la Antigüedad grecorromana.

Plano antiguo de la ciudad de Constantinopla.

Plano antiguo de la ciudad de Constantinopla.

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El Islam:

Durante el siglo VII surgió en la península Arábiga, ubicada al sudoeste de Asia, una nueva religión: el Islam. Su fuerza expansiva, que unió política y religión, hizo nacer una civilización que se extendió desde España hasta la India.

La península Arábiga esta conformada en su mayor parte por un desierto. Esto era un problema para sus habitantes ya que debían enfrentarse a escaseces de de agua, a la falta de vegetación y a las altas temperaturas. Sin embargo, esto no impidió que desde el 1000 a. C. los beduinos (Árabes nómadas) lo recorrieran en largas travesías mientras estaban agrupados en tribus comandadas por un jefe.

Hacia el siglo VII, un comerciante de La Meca (la ciudad principal de la península y centro religioso) llamado Mahoma, comenzó con su prédica en la costa del mar Rojo, donde una importante cultura urbana recibía la influencia de dos grandes potencias: Persia y Bizancio. (su florecimiento se debió a que esta zona era un lugar obligado de tránsito comercial entre el océano Índico y el mar Mediterráneo).

Según se cree, Mahoma comenzó a dedicarse a la meditación en contacto con cristianos y judíos. Alrededor del año 610 d. C., se sintió llamado por Alá (en lengua árabe «Dios») a través del arcángel Gabriel, y elaboró una nueva doctrina religiosa. Durante doce años predicó en La Meca y atrajo a un gran número de fieles. Sin embargo, como sus enseñanzas iban en contra de la religión politeísta de la ciudad, un grupo de ricos comerciantes logró expulsarlo en 622. Este hecho, conocido como la Hégira, marca el comienzo de la cronología de la religión predicada por Mahoma, el Islam, cuyos seguidores se conocen como musulmanes, que quiere decir «sometidos a la voluntad de Dios».

Las creencias de esta sociedad se basaban en el culto a los espíritus, los ídolos y las piedras. En La Meca se adoraba una piedra de color negro, la Kaaba, que se encontraba en un edificio cuadrado de igual nombre. Aquí puedes ver esta piedra.

Las creencias de esta sociedad se basaban en el culto a los espíritus, los ídolos y las piedras. En La Meca se adoraba una piedra de color negro, la Kaaba, que se encontraba en un edificio cuadrado de igual nombre. Aquí puedes ver esta piedra.

 

Doctrinas de Mahoma:

La doctrina de Mahoma se denomina islam, que significa «rendición incondicional» o «sumisión». El islam es monoteísta: Alá -es el «único Dios, eterno y todopoderoso»- y Mahoma, su último profeta (los profetas anteriores reconocidos son Moisés y Cristo). La prédica de Mahoma se reúne en el Corán, libro sagrado de los musulmanes cuyo nombre significa «lectura o recitado».

Existen cinco pilares fundamentales que todo musulmán debe respetar:

  • La profesión de la fe: es decir, dar testimonio de Alá y de su profeta Mahoma.
  • La oración: que debe hacerse cinco veces al día, en dirección a La Meca.
  • El ayuno: que se practica durante el noveno mes del calendario islámico, llamado Ramadán.
  • La contribución social: que debe darse al necesitado.
  • La peregrinación a La Meca: que debe hacerse al menos una vez en la vida.

 

Conquistas y/o Expansión del Islam:

En el año 630, tras haber completado su doctrina religiosa gracias a una organización política y militar, Mahoma impulsó la conversión a la nueva fe y se impuso en toda la península Arábiga. El islam irradió su fuerza expansiva por vastos territorios y formó un gran imperio. Los sucesores de Mahoma recibieron el título de califas («sucesor»). En el siglo VII, el islam se extendió por el norte de África hastael océano Atlántico. En el siglo VIII conquistó la península Ibérica y luego penetró en Francia, aunque fue detenido por los francos en Poitiers. Esta batalla fué el límite de la expansión musulmana en Europa occidental.

El islam brindó un universo literario, con relatos fantásticos como los cuentos de Las mil y una noches. Los estudiosos musulmanes contribuyeron en el adelanto científico de la Medicina, la Química, la Física, la Astronomía y la Matemática, entre otras ciencias.

Cuando Mahoma murió en el año 632 no estaba claro quien lo sucedería, por lo que se reunió un consejo y se decidió que el primer califa (jefe político y religioso) sería Abu Bakr, un comerciante y líder militar. Sin embargo, esta decisión no fue recibida por una facción musulmana por lo que se formaron dos grupos o facciones distintas: los chíes, que apoyaban a Alí, elegido por Mahoma para liderar; y los suníes, quienes apoyaban a Abu Bakr.

Los cuatro primeros califas conformaron el califato ortodoxo, durante el cual se desarrolló una serie de campañas para difundir la religión por el oeste de Asia y el norte de África. Sin embargo, seguían los problemas de sucesión.

Después del asesinato del cuarto califa en el 661, un miembro de una poderosa familia aprovechó la situación para fundar la dinastía Omeya que era de carácter hereditario, lo que solucionaba, al menos por el momento, la cuestión de sucesión. Los omeyas trasladaron la capital del Imperio a la ciudad de Damasco (actual Siria). En poco menos de un siglo, los omeyas se extendieron por el norte de África y luego,  en el año 711, conquistaron casi toda la península Ibérica, donde derrotaron con facilidad a los reinos cristianos (ubicados por la actual España). También los musulmanes lograron grandes éxitos militares contra los bizantinos y contra los persas, y avanzaron hasta el río Indo, en el este.

A pesar de que los califas empleaban la violencia, también sostuvieron una política de tolerancia religiosa hacia el judaísmo y el cristianismo, siempre y cuando sus creyentes pagaran cierto impuesto. Esto fue ya que el Corán afirma que tanto el Islam como estas dos religiones provienen de las mismas raíces. 

Mapa de las conquistas árabes/islámicas. Su imperio fue incluso más grande que el romano.

Mapa de las conquistas árabes/islámicas. Su imperio fue incluso más grande que el romano.

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En el año 750, la dinastía omeya fue desplazada de forma violenta por los abasíes, que trasladaron la capital a Bagdad (actual Iraq). Su reinado se caracterizó por una gran prosperidad económica y un desarrollo cultural y científico sin precedentes. Sin embargo, las peleas internas y la gran extensión del imperio llevaron a una desintegración política, de la que nacieron Estados musulmanes independientes en Egipto, el norte de África y la península Ibérica.

 

Orígenes del Feudalismo en Occidente:

Con el nombre de Alta Edad Media se denomina el periodo que transcurrió entre los siglos IX y XI. Durante esos años, en Europa occidental surgió un nuevo sistema de vida, el feudalismo, producto de la situación histórica de esos siglos y de una serie de tradiciones de siglos anteriores.

Carlomagno – El Imperio Carolingio:

Ya para el siglo VIII, el único reino germánico que aun seguía en pie era el de los francos (instalados en Galias). Los reyes de este reino se habían convertido al cristianismo, por lo que recibieron el respaldo de las autoridades religiosas.

Los francos consideraban al reino una posesión familiar, y lo repartían como herencia entre sus hijos varones, por lo que generalmente se provocaban asesinatos y/o batallas sangrientas por el poder.

Los dominios privados del rey eran administrados por los llamados mayordomos de palacio, que también se encargaban de otros asuntos (en algunas ocasiones llegaron a tener incluso mayor poder que el rey). Uno de estos mayordomos, Carlos Martel, ganó gran renombre al vencer a los musulmanes que intentaban ingresar a Francia en el año 732. Su hijo, Pipino el Breve, destronó al rey merovingio Childerico III (754), con lo que inició una nueva dinastía, la de los carolingios. Junto con la ayuda de la iglesia, logró hacer que la figura del rey fuese de carácter sagrado («aprobada por Dios») por lo que nadie podía cuestionar su autoridad.

Carlos el Grande, o Carlomagno, era el hijo de Pipino. Este se había propuesto convertir su reino en una poderosa potencia restableciendo el Imperio romano de Occidente y además defendiendo la fe católica. Con este objetivo emprendió numerosas campañas militares para consolidar y extender sus dominios contra los Sajones de Germania, los Lombardos en Italia y los Musulmanes en España.

Gracias a su alianza con la Iglesia y a su creciente prestigio, en la Navidad del año 800 el papa León III lo coronó emperador.

Esta ilustración muestra el momento de la coronación de Carlomagno.

Esta ilustración muestra el momento de la coronación de Carlomagno.

 

Organización y Cultura:

El Imperio carolingio cubría un área muy extensa de Europa occidental. La capital se encontraba en Aquisgrán (actual Alemania) que, a pesar de ser un importante centro de Europa, tenía una baja población de aproximadamente 5.000 habitantes (a diferencia de por ejemplo Constantinopla que contaba con 250.000 y otras zonas del mundo como la ciudad más grande de China donde había dos millones de personas).

Para controlar su vasto imperio, Carlomagno organizó su territorio: en la parte local, Carlomagno dividió el imperio en provincias llamadas condados y ducados dirigidos por condes y duques.  Una vez al año, dos inspectores (uno laico y otro eclesiástico, llamados missi dominici) iban a estas provincias para vigilar el estado de la administración y el cumplimiento de las leyes; en las zonas de mayor peligro (por lo general las zonas fronterizas), Carlomagno instaló guarniciones militares llamadas marcas (a cargo de un marqués).

La división del Imperio Carolingio también sirvió como defensa contra distintos saqueos y pillajes de parte de pueblos cercanos.

Para manejar los asuntos internos, el emperador empleaba una burocracia y procuraba mantener el orden a través de un sistema de leyes o disposiciones llamadas capitulares. Si estas leyes no se cumplían, podías ser penado a pagar multas, cárcel, destierro, revocación de privilegios, etc.

Cuadro: Invasiones al Imperio carolingio.

Cuadro: Invasiones al Imperio carolingio.

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Caída del Imperio:

A la muerte de Carlomagno en el año 814, sus sucesores se enfrentaron en una serie de luchas para acaparar el poder. Estos episodios produjeron la debilidad del poder monárquico y la ruina del Estado, y condujo a la división del Imperio carolingio en tres reinos principales: el central, el occidental y el oriental. A partir del siglo IX, estos territorios sufrieron nuevas invasiones.

Cuadro: Invasiones al Imperio carolingio.

Cuadro: Invasiones al Imperio carolingio.

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La debilidad de la monarquía:

Debido a los constantes ataques exteriores que provocaron robos, saqueos, matanzas e incendios en gran parte del territorio europeo, los reyes carolingios ya no tenían ningún recurso para defender a sus súbditos, por lo que delegaron la defensa del territorio en los señores locales (condes, duques y marqueses); estos aprovecharon sus servicios militares para obtener más autonomía. En sus dominios, los señores comenzaron a ejercer los poderes públicos.

  • Comandaban la hueste (o ejército de soldados);
  • Podían declarar la guerra;
  • Administraban la justicia;
  • Cobraban impuestos.

El ámbito en el que ejercían estos poderes se denominaba señorío. Así, entre la mitad del siglo IX y el comienzo del XI, el poder de la monarquía se debilitó progresivamente provocando una fragmentación del poder real que produjo que el poder del monarca se limitara a las tierras de su dominio personal (se decía que era un señor feudal más, el «primero entre iguales»).

Ya que los señores pretendían acaparar todo el poder, generalmente se provocaban luchas, enfrentamientos y rivalidades entre señores vecinos.

El vasallaje era un vínculo que obligaba a una persona a demostrar fidelidad a otra. El vasallo se ponía bajo la protección de un señor más poderoso ofreciéndole su fidelidad para ayudar al señor cuando el se lo pidiese (servicio militar, ayuda financiera, mano de obra, etc).

vasallaje

Ceremonia del Homenaje. El vasallo se arrodilla ante el señor, coloca sus manos sobre las de él y le jura fidelidad y obediencia. El señor acepta el juramento y sella el pacto con un beso.

 

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